PARK SLOPE FOOD [La Marea_2018-08-25]

Solo sus miembros pueden comprar y los precios son, de media, entre un 20% y un 40% más baratos. «Nos esforzamos por reducir el impacto de nuestros estilos de vida», aseguran.

La Marea
25 agosto 2018

El Park Slope Food abrió sus puertas en Brooklyn (Nueva York) en 1973. Tiene una superficie de 1.000 metros cuadrados, unos 16.000 socios y socias y reinvierte los beneficios en la actividad o apoyando la creación de nuevos supermercados en otras ciudades. Solo sus miembros pueden comprar y los precios son, de media, entre un 20% y un 40% más baratos que los aplicados por las cadenas de distribución. «Compartimos responsabilidades y beneficios por igual. Nos esforzamos por ser empleadores y vecinos responsables y éticos. Somos un agente de compras para nuestros miembros y no un agente de ventas para ninguna industria. Somos parte y apoyamos el movimiento cooperativo», explican.

Lo que hay en las estanterías de este supermercado son productos mínimamente procesados y saludables. «Buscamos evitar aquellos que dependen de la explotación de otros. Apoyamos la agricultura sostenible no tóxica. Nos esforzamos por reducir el impacto de nuestros estilos de vida en el mundo que compartimos con otras especies y generaciones futuras. Preferimos comprar a productores locales amigables con el planeta. Reciclamos. Tratamos de predicar con el ejemplo, educándonos a nosotros mismos y a los demás sobre la salud y la nutrición, la cooperación y el medio ambiente». El modelo del Park Sloope Food fue puesto en marcha por primera vez en Europa, hace apenas tres años, con La Louve, en París. «Es este tipo de supermercado el que puede cambiar profundamente la relación de nuestra sociedad con el consumo», afirmó uno de sus impulsores, Tom Boothe, en la promoción del documental Food Coop, que narra precisamente la historia del Park Slope.

En España, este tipo de iniciativas cada vez son más frecuentes y, lo que es mejor, demuestran que el modelo funciona. El ejemplo más veterano es Landare, una asociación de consumidores y consumidoras de productos ecológicos de la comarca de Pamplona que dispone ya de dos locales. La filosofía de su actividad es transformar el mundo con la cesta de la compra y con algo tan cotidiano como desayunar, comer y cenar. «Apostamos por productos de cercanía y por un trato directo con productores y productoras, que permita establecer relaciones de intercambio justas y mutuamente beneficiosas», resumen.

Labore, en Bilbao, es un proyecto de soberanía alimentaria que se presenta también como una alternativa a las grandes superficies y el negocio en torno a la alimentación que está generando el capitalismo. «Tenemos muchas razones para desconfiar de la calidad alimentaria de lo que nos venden. Cuando hablamos de alimentación de calidad, hablamos de productos ecológicos, o producciones de confianza contrastada. Siempre asegurando conocer la procedencia y la producción de lo que consumimos; basándonos en la confianza que nos da la garantía participativa», sostienen. Entre sus aspiraciones, destaca la recuperación del rol social del campesinado: «Entendemos que defendiendo la dignidad de la gente que trabaja la tierra y el impulso por un modelo de producción agroecológica, los habitantes de la ciudad recuperaremos nuestra relación con la tierra».

El Encinar nació en Granada a finales del año 1993. La compra de productos se hacía mediante pedidos con una semana de antelación. En Vigo funciona Árbore; en Valencia, Som Alimentació; en Alicante, Biotremol; y en Madrid, el proyecto Mares también está trabajando en ideas para promover y consolidar propuestas económicas que incluyan toda la cadena alimentaria.

 

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